LA DEFINICIÓN (II)

ELEGIR EL MAL MENOR NO ASEGURA
QUE PODAMOS SALIR DEL ATOLLADERO
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Por Roberto C. Neira
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Para Eduardo Aliverti, su definición, en el conflicto del gobierno con el campo es elegir entre el blanco y el negro.
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Dijo en la nota que publicó Página 12 esta semana bajo el título “La definición”: "Prefiero equivocarme con David Viñas, León Ferrari o Roberto Cossa que tener razón con la Carrió o con Chiche Gelblung"...

¿Se puede pensar en un proyecto de país tan acotado que da la sensación de estar siempre eligiendo o acompañando al menos malo? Como se ve no parece haber otras opciones.
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Todos sabemos lo que no queremos, pero en realidad: ¿sabemos lo que queremos?

Extraña ver como Eduardo Aliverti, uno de los pocos periodistas que leo con agrado porque no tiene pelos en la lengua, termina aceptando la posición de "los intelectuales" que sumaron su apoyo a los Kirchner, concentrándose en señalar los peligros que representaría para nuestro país que gobierne "el otro peronismo", cuya cabeza más visible, sin alusión personal, es la de Eduardo Duhalde que tiene a Carlos Reutemann como su delfín.
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Aliverti descuenta en su comentario que no hay una sola fuerza política que pueda hacerle sombra al justicialismo y que los poderosos lo saben y suman sus apuestas a favor de un cambio que deje fuera de carrera a los Kirchner. Así están las cosas.

Presumo entonces que quizás no resultó suficiente haber sufrido en los últimos 32 años la desaparición de 30.000 argentinos, que la economía del país fuese diezmada, que las instituciones democráticas hayan sido pisoteadas y que la decadencia social y cultural continúa extendiéndose sobre nuestras cabezas arrastrándonos a un abismo del cual va a ser muy difícil salir.

Seguimos probando con más de lo mismo.
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¿Estaremos resignados a que en verdad este país solo se cura con más peronismo?

La intrincada y complicada vida de los criollos y, más tarde, la de los propios argentinos, no parece haber sufrido alteraciones desde 1810; siempre estuvieron enfrentados por ambiciones personales, por intereses, por guerras civiles y por odios. Jamás se pusieron de acuerdo para defender una causa común o para afrontar el progreso. Morenistas versus saavedristas, unitarios versus federales, mitristas contra alsinistas, urquicistas y rosistas, yrigoyenistas y alvearistas, peronistas y antiperonistas; celestes y colorados y, hoy, campo versus gobierno.
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Lo de siempre, nada ha cambiado. Como en los mejores tiempos, continuamos enfrentándonos unos contra otros.
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Cuando una de las fuerzas en conflicto gana la pulseada, la otra lo pierde, quedan resquemores, pierde el país, retrocedemos en la historia y vuelta a empezar.

¿Es este uno de los proyectos de país que está en disputa?
“Divide y reinarás”, una gran verdad.

El colmo es que esta misma democracia que supimos conseguir y que algunos vivillos supieron "democráticamente" transgredir con maniqueas decisiones (Alfonsín, Menem, Duhalde), en esta nueva etapa otorga ciertas adaptaciones especiales para uso personal de los interesados.

Hoy, el sistema político-institucional que rige a nuestra nación permite que una mayoría legal oficialista se convierta en un apéndice del ejecutivo con el fin de bendecir religiosamente cualquier situación de necesidad o urgencia que decreten quienes gobiernan.

Por eso, deducir quien tiene la verdad en este entuerto a través de conceptos filosóficos no me parece necesario, la verdad no puede admitir dudas ni discusiones ni tampoco presenta la complejidad que esgrime Aliverti, porque como bien decía Perón: "la única verdad es la realidad".

Y esa realidad nos demuestra que el actual gobierno no está preparado para afrontar la responsabilidad de gobernar para todos los argentinos sino nada más que para un sector de la población, mayoritario o igualitario, que sirve a sus intereses y se comporta de acuerdo a las reglas que fija el viejo aparato político-sindical del peronismo y que conforman los gremios más importantes del país, suficientemente aceitados económicamente como para rendir pleitesía y jurar fidelidad al gobernante de turno.

Todo esto sucede al solo efecto de continuar manteniendo un modo de hacer política basado en el enfrentamiento y la disputa, que nos retrotrae a los últimos días de Perón (en su segunda presidencia) cuando el golpe de estado (1955), de alguna manera, lo ayudó a evitar su más grande fracaso personal y a la vez le otorgó el papel de víctima agrandando su figura hasta su regreso en 1972.
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Lo real y que pocas veces se ha dicho es que el caos económico y político plagado de autoritarismo en que se desenvolvía el país a partir del comienzo de su segunda presidencia, anticipaba un final abrupto muy distinto al que Perón había imaginado y planificado cuando llegó a la Casa Rosada en 1946.

Argentina, después de 1951, estaba atrapada en un callejón sin salida, no sólo por la inflación y el desabastecimiento, sino también por la detención de opositores, las persecuciones políticas, las huelgas de ferroviarios y transportistas, los atentados, las cotidianas movilizaciones obreras y el agravamiento de la situación institucional por la pérdida de las libertades individuales (estado de sitio) y por el cierre y expropiación de varios medios de comunicación opositores al gobierno.

Cuando los países europeos, resurgidos de las cenizas a causa de la segunda guerra mundial, gracias a la inyección de dinero que los EE.UU. distribuyeron para contrarrestar el avance comunista en Europa, no continuaron comprando en la misma proporción que lo habían hecho en la década de los ´40, comenzó una crisis económica sin precedentes. Ya no estaban los tan promocionados lingotes de oro que atestaban los pasillos del Banco Central y la impresión de papel moneda sin respaldo provocó fuertes picos de inflación.

Continuando las comparaciones entre aquel gobierno peronista y este, hoy, si bien es cierto que a la lucha que sostienen los productores del campo se le han encaramado los viejos odios y rencores de pequeños grupos que con la sangre en el ojo todavía tienen la intención de saldar cuentas pendientes, Aliverti no debería forzarnos a recordar aquellas lamentables citas de Bernardo Neustadt y Luis Barrionuevo, cuando considera que: "es cierto que hay corrupción en este Gobierno. Eso va en contra de todos nuestros principios. Aquí no rige ni regirá el "roban pero hacen". Pero tampoco podemos ser tan ingenuos: cualquier otro ha robado y robaría más..."

¿No está implícito en esta frase la posibilidad de aceptar la corrupción a cambio de esa supuesta "tibieza nacional y popular" ofrecida por este gobierno a sectores postergados de los cuales se necesita una adhesión incondicional?

Veamos.

¿Qué es lo que hizo el gobierno cuando dispuso de la masa de dinero proveniente de las retenciones antes del conflicto surgido en marzo pasado?

Con el país creciendo a un 6 o 7% anual, mayor productividad en sectores de la industria y el comercio, aumento de las exportaciones, etc. (según las estadísticas oficiales del INDEC) en todos estos años, recién cuando las papas quemaban y el conflicto con el campo ardía por los cuatro costados, con las rutas cortadas y con principios de desabastecimiento que llegaron, principalmente, a la carne, los lácteos y los cereales, los argentinos comenzamos a enterarnos de la importancia que representaban para el gobierno esas millonarias sumas retenidas a los exportadores.

Recordemos que frente al tira y afloje de ese momento se firmó un acuerdo en la Cámara de Diputados para que el dinero proveniente de las retenciones tuviera un destino social. Comenzamos a escuchar entonces a la presidenta y al ex presidente hablar de "cuidar la mesa de los argentinos" para evitar que aumentase el costo de los alimentos y también hablaron de muchísimas cosas de las que antes nunca habían hablado. Claro que esto sucedió al cabo de tres años de inflación sostenida (2005-2008), con aumentos que alcanzaron en ese período a los sectores de la alimentación y sobre todo a productos de la canasta familiar que oscilaron entre un 150% y 250%.

En cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner no hubo oficialmente una sola línea ni una sola palabra sobre esta cuestión a pesar que ya el gobierno contaba con una buena masa de esos impuestos retenidos a la actividad rural. Menos, por supuesto, se pudo comprobar que gracias a esos fondos se disminuyó la desocupación, la pobreza y el hambre o que se haya mejorado la salud y la seguridad, cosas que hace bastante tiempo vienen preocupando a la sociedad.

Otro ejemplo palpable del desapego del gobierno por mejorar la situación de algunos sectores de la sociedad que no le aportan demasiados votos cuando hay elecciones, son los jubilados que, por razones obvias, producto de la debilidad de sus reclamos, nunca son tomados en cuenta en los discursos reivindicatorios de los derechos sociales que tanto el ex presidente como la presidenta acostumbran a difundir desde cualquier tribuna que está a su alcance.

Un jubilado gana $ 665 (mínimo). Hay alrededor de 1.500.000 jubilados en esta situación. Con ese dinero, si no son propietarios, deben alquilar una vivienda, pagar los impuestos (teléfono, gas, luz), afrontar los gastos de su alimentación y una buena parte de los remedios, dado que PAMI solo ofrece descuentos en ciertos medicamentos y no sobre todo el vademecum. Se supone también que deberían poder comprar vestimenta y realizar algunas actividades que sirvan para mejorar su bienestar.

¿Que algún funcionario explique cómo puede vivir un jubilado percibiendo $ 665 por mes, si el alquiler de una vivienda alejada del centro de la ciudad no baja de $ 500... (si me he quedado corto, corríjanme por favor).

Otra consideración sobre el artículo de Aliverti tiene que ver con la mención a un acendrado grado de racismo “de gran parte de nuestra clase media (de toda la alta) y de los sectores de elevado poder adquisitivo que, según es larga tradición, enfrentan otra vez a un gobierno peronista...”

Por supuesto, no puedo hablar por lo que piensan los demás. Diré lo que yo pienso:

Es posible que una buena parte de nuestra sociedad tenga aspectos racistas y discriminatorios sobre otros argentinos que no han tenido la suerte de progresar o que no pertenecen al "status" de las clases altas, esta es una vieja y arraigada costumbre que surgió con los inmigrantes que comenzaron a llegar a nuestro país en la primeras décadas del siglo XX. Se agudizó esta situación concentrándose en los habitantes de las provincias que a partir de 1946 comenzaron a llegar a Buenos Aires a tentar su suerte. Sin embargo, esa discriminación, en la mayoría de los casos, no iba más allá del lenguaje común. Por supuesto, no estoy hablando de las características discriminatorias que en la actualidad se han profundizado con algunos hechos deleznables en perjuicio de bolivianos, paraguayos y peruanos, entre otras nacionalidades.

Desde mi punto de vista el verdadero racismo y discriminación es continuar "fabricando" pobreza, argumentando que se está haciendo lo contrario (un patrimonio de los gobiernos peronistas), y al solo efecto de obtener mayores adhesiones (votos) a cambio de la distribución de subsidios y dádivas con que el gobierno atiende a los sectores postergados.

Les prometen que siempre van a estar mejor con un gobierno justicialista porque una de sus más importantes banderas es la justicia social, algo que jamás podrán alcanzar por sus propios medios, pero que sirve para mantener la fe y la esperanza de millones de argentinos en este gobierno. La vieja táctica que también utilizó el menemismo, el “miedo a lo que vendrá”, todavía funciona, pues los beneficiarios del edén social aceptan condicionados por la necesidad de comer hoy aunque no saben si lo podrán hacer mañana...

La mejor manera de no discriminar a los pobres es que no haya pobres y que todos los argentinos (y extranjeros) que viven en nuestro país puedan tener las mismas posibilidades de estudiar, trabajar, formar un hogar y tener un futuro.

¿Está el gobierno empeñado en cumplir con estos objetivos a corto plazo? Permítanme tener el beneficio de la duda.

Aunque lo quieran pintar de otra manera, el conflicto del campo con el gobierno es un problema sectorial que atañe solo al campo y al gobierno. Y a nadie más.

Pedir al pueblo que apoye los objetivos y las marchas del campo no va a significar que las ganancias de hacendados, productores, chacareros y multinacionales sean distribuidas entre la comunidad y menos que se transformen en una reducción sustancial de los precios de los productos agrícolas ganaderos en las góndolas de los supermercados. Seguramente, una gran masa de ese dinero, traspondrá nuestras fronteras y nos hará pito catalán desde algún paraíso caribeño.

Que el gobierno convoque al pueblo para que apoye su posición a favor de las retenciones asegurando que está defendiendo sus intereses, no solo es una falacia, es también indignante.

Suponiendo que en la Argentina de hoy nadie come vidrio, el tema debe quedar fuera de cualquier discusión y de definiciones opinables dado que nunca se vio en ninguna parte del mundo, como aquí, a gobernantes y funcionarios correr desesperados detrás de los fondos retenidos a un sector de la producción, tal como se puede observar a simple vista, cuando los principales personajes de este gobierno mueven sus influencias entre nerviosas, verborrágicas e inestables evoluciones, con el objetivo de lograr un triunfo en el Senado de la Nación a cualquier costo.
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Se ha visto esto mismo en diputados hace unos días. Incluso, se ha llegado a la agresión personal entre legisladores del mismo partido y entre funcionarios y políticos. Las calificaciones de "traidor" y de "hijo de puta" se escuchan a menudo no solo en el recinto sino en cualquiera de los pasillos y detrás de los cortinados. No se sabe bien si la razón de estas reacciones extemporáneas son causadas porque se han traicionado ideales, lealtades o simplemente porque se les puede arruinar un negocio.

También existen sectores minoritarios fogoneados por golpistas y ex-represores. Son los que piensan aquello de: "a río revuelto ganancia de pescadores" y se suman a las protestas de los ruralistas tratando de aumentar el malestar con el objetivo de generar un estado de confusión y abatimiento en la sociedad que -como expresa Aliverti- pueda erosionar la imagen de la Presidenta y como consecuencia abrir las puertas para un golpe (difícil) o para un recambio institucional (posible).

Uno de los temas que estos facciosos personajes promulgan tiene que ver con la permanencia de dirigentes montoneros en el gobierno en calidad de funcionarios o como participantes de organismos de DD.HH. Pero si la idea es buscar un culpable, este tiene nombre y apellido, Carlos Menem (1989-1999), quien apremiado por la derecha y por las derivaciones que pudieran provenir de sus decisiones en la izquierda, se disfrazó de Pilatos y dictó los indultos, razón por la cual estos individuos fueron beneficiados con la libertad. Sin embargo, no recuerdo que se lo haya criticado alguna vez a Menem por este dislate, es que le hizo tantos favores a las clases altas que estos, sin duda, empequeñecieron sus errores en materia de derechos humanos.

Que no haya habido de parte de la justicia argentina ni de los tribunales internacionales un intento de revertir esa situación para juzgar a los involucrados en actos de terrorismo, es harina de otro costal y demuestra las diferencias existentes entre un crimen de lesa humanidad, considerado imprescriptible, y un crimen común producto de un ataque con armas o con bombas.

Es posible que se justifique a aquel que “mata por ideales” considerándolo un rebelde revolucionario o un militante de una agrupación política. Otra extraña situación es que el autor de un atentado que provoca víctimas civiles o militares y daños, nunca es considerado como un criminal sino que se lo ha incluido en la categoría de preso político. Rarezas de la justicia que nunca terminan de explicarse.

Para concluir, considero que el problema institucional que se nos presenta a futuro tiene que ver con que los gobernantes deben extremar sus cuidados en las formas democráticas. Los discursos arbitrarios, irrazonables y arrogantes, el ocultamiento o distorsión de datos sobre la marcha de la economía, soslayar las pruebas de actos de corrupción, declarar la guerra a ciertos sectores de la prensa que no son afines, son algunas de las cosas que marcan una tendencia y que generan actitudes de disconformismo en la población.
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La confrontación política existió en toda la historia de nuestra república, pero pocas veces, en gobiernos democráticos, fue virulenta y ofensiva como en 1946-55/1973-76. Los Kirchner deberían revisar la historia para no repetir aquellos errores del pasado.

El autoritarismo difícilmente conduzca a encarrilar un país en lo institucional porque siempre habrá un sector minoritario o mayoritario perjudicado, que estará dispuesto a dejar de lado cuestiones morales y métodos institucionales para prender la mecha del descontento en la población y actuar en consecuencia.

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La definición---

Por Eduardo Aliverti---

Ya no tiene mayor sentido la discusión en torno de retenciones, compensaciones, toneladas y cualquier vocabulario ad hoc. Todo eso quedará para otro momento, aunque algunas rondas mediáticas sugieran lo contrario. Lo excluyente es una cuestión ideológica y de conducción política en la que está en juego, directamente, la suerte del Gobierno. Y, con ella, la del rumbo que le espera a este país en el mediano plazo, según sea que el kirchnerismo consiga mantenerse en pie o que la derecha parida por acciones propias y ajenas le tuerza el brazo.

Con alguna dosis de ingenuidad podía esperarse que los gauchócratas dejaran pasar el debate y la votación en el Senado, para recién después volver a la carga. Fue al revés y no hay de qué sorprenderse. A medida que el tiempo transcurría y el Gobierno los alimentaba con sus espectaculares errores de comando y comunicación, con una Presidenta decepcionante en términos de liderazgo político, y el esposo cubriendo ese vacío mediante el manoteo de las lealtades que le quedan con su estilo de elefante en bazar, fue cristalino que el movimiento campestre está sacado y dispuesto a ganar como sea.

¿Ganar la eliminación de las retenciones móviles? De ninguna manera. Esa es la base operativa del objetivo terminal, consistente en la destrucción, si humillante mejor, del precepto intervencionista del Estado en las rentas extraordinarias.

Un movilero de algún canal o alguna radio del Poder Mediático, bien adoctrinado, logra más con este simple mecanismo: el tipo va a una movilización del Gobierno y encuentra a un obrero. Le pregunta: "¿Cómo lo trajeron aquí?". Después va a un agro-cacerolazo, se acerca a una joven o a un joven y pregunta: "¿Por qué viniste aquí?". La basura queda en la conciencia pasiva del que escucha o del que mira. El groncho de la Presidenta no va, lo llevan. No tiene voluntad propia. Le dan un choripán y ahí lo tienen. Comiendo de la mano de los gordos de los sindicatos. ¿O los grasas peronistas no son así? Por el contrario, el teflón-boy (o la teflón-girl), el garca que se ha venido desde Acassusso o Recoleta, es la expresión de una conciencia autónoma. El ha elegido libremente. Sabe la causa por la que lucha. Nadie va a comprarlo. Es lúcido. Es culto. Es la expresión de la libertad del ciudadano.

Esto llega, penetra porque expresa el racismo de gran parte de nuestra clase media (de toda la alta) y de los sectores de elevado poder adquisitivo que, según es larga tradición, enfrentan otra vez a un gobierno peronista, aunque este Gobierno sea tibiamente nacional y popular, pero ha incurrido en el horror del intervencionismo de Estado, y algunos otros imperdonables horrores también. Si no, la embestida que sufre no sería tan a fondo.

La Carta de los intelectuales (que analiza con rigor los sucesos de estos meses y el surgimiento de una nueva derecha) tiene muchísimas firmas. Algunas, sólo algunas, de ellas son las de: Roberto "Tito" Cossa, Jorge Dubatti, Patricio Contreras, León Ferrari, Lilia Ferreyra, Juan Forn, Ricardo Forster, Norberto Galasso, Octavio Getino, Horacio González, Nicolás Casullo, Eduardo "Tato" Pavlovsky, Lorenzo Quinteros, Miguel Rep, Guillermo Saccomanno, Federico Schuster, Silvia Sigal, Horacio Verbitsky, David Viñas, Fernando Birri, Jorge Boccanera y la valiosa ensayista Pilar Calveiro, que ha hecho llegar su firma desde México, donde reside. Estoy seguro de que también firmaría este texto Ernesto Laclau.

¿Dónde está la verdad? ¿Quiénes tienen razón, los poderosos de las radios y de los programas televisivos, con sus gigantescas empresas detrás, o estos intelectuales y artistas argentinos?

El tema de la verdad es complejo. Foucault (basándose en Nietzsche) enseñó que la verdad es una creación del poder. Sin embargo, yo tengo una certeza absoluta, definitiva: prefiero equivocarme con David Viñas, León Ferrari o Roberto Cossa a tener razón con Carrió o Chiche Gelblung.

¿Qué está sucediendo en el país? No es tan complejo. Se debate una interna peronista.

La IV Flota anda por aquí precisamente durante estos días y no es casual. Les recuerda al país y a toda América Latina que el mundo se ha globalizado. Que los conflictos de Estados Unidos serán enfrentados directamente por el Imperio. Causa tristeza que el secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, tenga la gentileza de aclararle a nuestra Presidenta que la IV Flota no navegará por aguas territoriales argentinas ni por sus ríos.

¿No es una grosería aclarar eso? ¿Y qué suponía que podía esperar el gobierno argentino? ¿Que la IV Flota se metiera en el Paraná e hiciera maniobras por ahí?

Y no crean que el secretario de Estado no se habrá hecho tiempo para hablar con unos cuantos líderes de la oposición: "Señores, ¿cuándo nos limpian este gobierno terrorista? ¿O tendremos que hacerlo nosotros?".

Todo lo que ha ocurrido hasta ahora tiene por finalidad minar el poder de este gobierno. Debilitarlo, restarle credibilidad, restarle gobernabilidad. Para el Poder agrícolo-mediático éste es un gobierno muy irritante. Que sea peronista no les importa tanto. Es más: ellos saben que sólo el peronismo puede hoy gobernar en la Argentina. Pero el peronismo se caracteriza por ser un aparato. Es un instrumento de poder. No tiene ideología. Tiene máscaras. Tiene grupos de poder. Tiene liderazgos.

Este es un mundo con muy pocas ideologías. Bush está en Irak más por intereses energéticos que por motivos ideológicos. Cristina Fernández es una cara del peronismo que los hombres del Poder agrícolo-mediático no quieren tolerar. Como, por desgracia para ellos, ha ganado recientemente unas elecciones con un alto caudal de votos, tienen que hacerlo. Pero se trata de tolerarlo lo menos posible. Si se erosiona la imagen de la Presidenta, si se le demuestra que otros sectores de poder pueden torcerle la muñeca, soliviantarle el país, causar hambre, desabastecimiento, cortar rutas, anunciar que tienen armas y adueñarse del territorio con una impunidad nunca vista en esa extensión, habrán logrado algo importante.

La finalidad es: que "la pareja montonera" se vaya lo antes posible, sacarlos de la foto. No piden que se vayan todos. Piden que se vayan "ellos". Con "ellos" se irán los suyos, esos malditos terroristas. Es posible que intenten hacerle impracticable la gobernabilidad a Cristina Fernández. Se lograría con nuevas puebladas del "campo" en todas las provincias. Con el desmadre de las clases medias en Buenos Aires. Y con el Poder Mediático pidiendo orden y "si no, alguien que pueda imponerlo".

Descartemos toda intentona militar. No se trata de eso. (Además, el golpismo de los estados nacionales ha muerto. Ahora, Estados Unidos se ocupa de modo directo de esas cuestiones. Y si delega algo, será mínimo y totalmente controlado por ellos. Kissinger no vendría a "aconsejar". Vendría a dar órdenes.

Se trata de lograr un reacomodamiento en el peronismo. En suma, que Kirchner pierda el control del aparato. Que los peronistas, que emigran con el que más poder tiene, se vean en la conveniencia de dejar sus filas.

¿Qué no toleran de los Kirchner? El intervencionismo estatal, por supuesto. Las famosas retenciones y el tibio intento de redistribución del ingreso. Pero sobre todo: lo que llaman el "montonerismo". Hay que frenar los hostigamientos a los militares. Hay que borrar del mapa a Hebe de Bonafini, cuya imagen les resulta intolerable. También a esa señora Carlotto, por más arregladita que se la vea. Y a las Madres de Plaza de Mayo, que parieron hijos subversivos. Se les dio a esos hijos lo que se buscaron y esa etapa hay que cerrarla.

Queremos peronistas que den por terminado de una vez por todas el tema de los crímenes de lesa humanidad. También quieren salir del Mercosur. Alejarse abiertamente de Chávez y de Evo Morales. Si Brasil sigue portándose como una gran potencia capitalista que surge incontenible, seremos sus socios. Y queremos volver a las relaciones carnales con Estados Unidos, aunque no utilizarán esta frase de malos recuerdos (que, sin embargo, la dijo alguien que les hizo muchos servicios).

Pero, ¡basta de montoneros, de setentistas, de actos por las víctimas del bombardeo del 16 de junio! Esa injuria del Museo de la ESMA fue "intolerable". Lo del cuadro de Videla. No, esta gente es peligrosa. Nunca se sabe hasta dónde podrá llegar alguien en quien no se confía. Hay que sacar a los montoneros del Gobierno y a Kirchner de la conducción del PJ. La punta de lanza de este proyecto es el señor Miguens. Y los otros tres cruzados. O sea, la Sociedad Rural, que, por primera vez, da la cara por sí misma, sin militares de por medio como siempre lo hizo. Y, nobleza obliga, felicitaciones, señores: lo han hecho muy bien. Luego, el poder mediático. Que tiene algo claro: no hay que tocar la Ley de Radiodifusión.

Ahora bien, ¿cuál es el reemplazo a este Gobierno que tanto odio les despierta? Cualquiera lo sabe: no puede ser otro que Duhalde. El viernes 11 de julio, muy sonriente, se reunió con Jorge Busti. Hay que implantar un eje de poder opuesto al de Kirchner dentro del peronismo: éste fue el resultado de la reunión. Pero Duhalde no dará la cara. Tiene a su hombre, tiene la cara de Reutemann. Todo lo demás es palabrerío, aunque funciona bien.

Puede que Cristina F. irrite a algunos. Puede –como me dijo alguien– que esta gente despierte "muchos odios". Lo dijo porque se lo dijeron pero el mensaje entra. Los Kirchner provocan. Se los ve soberbios. Tienen marchas y contramarchas. Dan ventajas. Pero si se leyera la Carta de los intelectuales se vería que nosotros no saltamos de alegría por todo lo que hace este Gobierno. Sólo sabemos que, sin ser de izquierda, a la izquierda de él no hay nada. Y a la derecha, el aparato peronista manejado por Duhalde y con Reutemann como careta presidencial.

Es cierto que hay corrupción en este Gobierno. Eso va en contra de todos nuestros principios. Aquí no rige ni regirá el "roban pero hacen". Pero tampoco podemos ser tan ingenuos: cualquier otro ha robado y robaría más. La política ya no se ejerce –ni aquí ni en ninguna parte– sin el dinero como arma de convencimiento, de presión o de amenaza. Uno no puede aceptar eso. Yo no podría hacer política. Pero en este gobierno (que, además, es democrático) habrá siempre mayor voluntad de transparencia que en uno manejado por el duhaldismo en pleno dominio del corleónico aparato peronista. Si lo tiran, sabemos lo que podemos esperar. Lo de siempre: el ostracismo, la vereda de enfrente, lo peor.

Lo único que tienen como alternativa quienes desean debilitarlo y, a la larga, hacerle morder el polvo, es otra variable del peronismo. Pero bien de derecha. Tan de derecha que es temible. Sobre todo porque dará cauce al odio oscurantista de los cruzados iracundos de estos días. Y a la Sociedad Rural, que avaló e impulsó el genocidio y eso no se borra diciendo alegremente "cambiamos". Cuando se apoyaron ciertos horrores, no hay retorno.

Fuentes: Página/12 / www.elortiba.org

CUANDO LA CUERDA SE ESTIRA DEMASIADO...

En Argentina, el caos es permanente.
En España, se liberan las rutas pese a quien pese.
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LOS TIEMPOS SE ACORTAN
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(Escribe Roberto C. Neira). Los errores del gobierno en las negociaciones con los ruralistas para lograr un acuerdo base que permita la continuidad del diálogo entre dos posiciones desencontradas y sin afectar los intereses y necesidades de la población, sobre todo en materia alimenticia, han sido múltiples y algunos realmente groseros.
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En realidad, como tantas otras veces, en diferentes casos de la gestión de Néstor Kirchner, se los ha profundizado. Está a la vista el magro resultado, para la gente de Gualeguaychú, de la disputa con el gobierno uruguayo sobre la instalación de la empresa Bosnia; o el caso Skanska, que provocó la renuncia de dos funcionarios que están siendo investigados junto a directivos de las empresas contratistas por sobreprecios; o la complicada situación con el dinero aparecido en el baño de la Ministra de Economía, Felisa Miceli, que provocó también su renuncia y más acá, en tiempos de Cristina Fernández, el affaire de la valija con 800.000 dólares que involucró además al gobierno de Venezuela y obligó a la participación, por razones legales, de los tribunales estadounidenses.
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Pues, en todos estos casos, igual que el tero, esa pequeña ave de nuestras pampas, el gobierno presenta un comportamiento similar: grita en un lugar para que los depredadores crean que allí están sus huevos, cuando estos en realidad se encuentran en otro sitio no muy distante del que supuestamente cuida; lo que la jerga popular hace referencia cuando personas simulan alterarse por un hecho, cuando en realidad lo que quieren es desviar la atención de su verdadero interés.
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Todo esto ha repercutido negativamente en ambas gestiones presidenciales, aunque no tanto como para que el ex presidente no pueda delegar el mandato en manos de su esposa, triunfadora en las elecciones nacionales de octubre pasado o para que esta pierda su credibilidad acosada por infinidad de problemas que el mismo gobierno se encarga de acrecentar o multiplicar por su torpe política de confrontación ligada a la histórica victimización que el peronismo ha hecho de su derrotero doctrinario.
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Esto no es más que el viejo enfrentamiento entre pobres y ricos o para decirlo en términos más académicos, la bendita "lucha de clases", de la que siempre sacan partido los poderosos, y en la que el gobierno, por supuesto, toma partido para defender a los débiles, los castrados, los inválidos, los esclavos de la tierra, como una suerte de estigma que la realidad desmorona sin mucho esfuerzo al advertirse que todo es exactamente lo contrario de lo que se dice o se declama oficialmente en la tribuna partidaria.
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Sin embargo, el mayor peligro que este gobierno debe afrontar no es la caída de su imagen sino el saldo de heridos y contusos que sobrevive a cada opinión de los funcionarios, a cada discurso de la primera dama o a cada hecho consumado, dejando una estela irremediable de rencores, que en muchos casos, habría que tomarlos en cuenta, porque como siempre pasa detrás de las reivindicaciones de cada sector también están los que "llevan agua para su propio molino" y están al acecho para tomar venganza a la primera oportunidad.
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Es indudable que esto sucede en un marco de peligrosa confrontación donde la pareja presidencial parece sentirse muy a gusto, desafiando a sectores minoritarios en los que hay elementos reaccionarios capaces de utilizar métodos violentos con el objetivo de sembrar caos y desórdenes que solo se pueden conjurar con represión.
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Algo así parece haber sucedido ayer en Paraná, cuando dos camiones cisterna que llevaban combustible fueron víctimas de un atentado provocando la rápida respuesta de los transportistas que han agravado aún más el incierto panorama que se vive en nuestro país con el conflicto del campo desde hace más de 90 días.
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Si hasta ahora el gobierno y los funcionarios responsables han demostrado una incapacidad manifiesta para sortear los problemas, ha llegado la hora de poner las cosas en su lugar, pagar todos los costos políticos que sean necesarios y demostrar que el abastecimiento de la población, que en su mayoría es ajena a estas disputas sectoriales, está por encima de cualquier interés personal o político-partidario y sin más pérdidas de tiempo habilitar a la justicia para que obre en consecuencia con las medidas que fuesen necesarias, tal como lo indica nuestra Constitución Nacional en los artículos 14 y 14 bis:
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Art. 14: "Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

Art. 14 bis: El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna. a liberar las rutas del país y a defender mediante la intervención de las fuerzas de seguridad dispuestas a tal fin el derecho de la gente a trabajar y circular por nuestro territorio.
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Esto es lo que indica la ley y también la lógica, pero, ¿quién podría garantizar que esta vez la presidenta se decida a tomar el toro por las astas?
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¿Será este gobierno sensible a hacer cumplir a rajatabla los derechos de la comunidad o seguirá insistiendo con esa estrategia absurda, no exenta de cierto masoquismo, de tirar la pelota para adelante para ver de qué color la devuelven?