Por qué no puedo ser católico*

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Es precisamente en lo subjetivo donde las religiones encuentran las respuestas. Los equilibrios verbales del Papa no pueden esconder la realidad de los hechos, que son: primero, que el espacio y el tiempo están llenos de religiones, es decir, el mundo y la historia; y segundo, que todas pretenden tener el monopolio de la verdad para sí mismas, en desmedro de las demás.

Por tanto, siempre que haya religiones habrá guerras de religión, como siempre las ha habido y las hay. Mientras que, en cambio, no hay guerras de ciencia, ni las ha habido nunca, porque la ciencia es una sola: acaso no santa, pero ciertamente katholika, en el sentido literal de "universal". Y sólo se puede aplicar sensatamente a sus afirmaciones, mientras que no así a los dogmas católicos, el lema Quod samper, quod ubique, quod ab omnibus creditur: de ser y deber ser creídas "siempre, en todas partes y por todos".

Por tanto, al contrario que las religiones, la ciencia no tiene necesidad de reivindicar ningún monopolio de la verdad: sencillamente lo tiene. Y en consecuencia, aceptemos de una vez por todas que hay que dar a Pitágoras lo que es de Pitágoras, es decir, la única objetividad científica, y a Cristo lo que es de Cristo, es decir, una de las numerosas subjetividades religiosas, evitando mezclar lo sagrado con lo profano: esto es, las profundidades lógicas con las superficialidades teológicas.

Fuente: "Ñ" Revista de Cultura Nº 277. *
Por Piergiorgio Odiffredi, especialista en lógica del cálculo matemático, es uno de los mayores polemistas contra la Biblia, la religión y la fe, "enemigas del saber". De su libro: "Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos". Ediciones del Nuevo Extremo 2008.

La columna de Ricardo Talesnik*


Subí al taxi, surgió el tema y el tachero no paró de hablar un segundo:
“Mirá, dirán todo lo que quieran de Kirchner, pero el tipo la hizo bien. Para mí es un orgullo tenerlo de Presidente. ¡Qué ex ni ex! El tiene la manija. Es un grosso, un tipo muy vivo. Y los vivos son los que triunfan, te guste o no te guste. Un día Cristina dijo que los peronistas son los que mejor representan a los argentinos. Es una gran verdad. Por eso los votamos. Nos vemos reflejados en ellos. ¿A quién no le gusta hacerla bien? ¿Quién está a favor de los milicos o de la cana? ¿A vos te gustan los yanquis? Seguro que sí. Vas a Recoleta. Gorilacho, ¿no?, decí la verdá. El Bizcocho y la Cris dicen lo que le gusta a la gente. Ella por ahí habla medio difícil, no sé qué dice de los géneros, el palancamiento, qué sé yo, pero se nota que sabe y habla de corrido sin leer. No hay vuelta que darle: los peronachos se las saben todas. Por izquierda, por derecha, con los fierros, votando, como sea. Siempre están ahí arriba. Con la CGT pushando cuando hay un compañero en el poder o sinó haciendo huelga. Son imbatibles. Ahora con la guita de las AFJP y toda la guita negra que vuelva de afuera o de adentro se lo van a comprar hasta a Obama para que los vote el 28 de junio. ¡Néstor diputado! La reventó a la oposición. El Bizcocho es un genio. Ponele la firma que si las encuestas para las elecciones le dan fuleras no grita más, se convierte en el pacifista N°1, se confiesa con Bergoglio, vuelve a colocar el cuadro de Videla en la Esma, juzga a los Montoneros, condecora a Cobos, le saca las retenciones a la soja, se fotografía con la mesa de enlace, les hace un homenaje a Duhalde y Menem, se besa con Solá, mete preso a D’Elía, no le da más guita a las Madres, le pone la policía porteña a Macri y le da un ministerio a la Carrió. Ponele la firma. Este tipo no se va así nomás. Se presente a lo que se presente: diputado, senador o concejal, yo lo voto a muerte. A mí me gusta ganar".

*Ricardo Talesnik, actor, escritor y autor de obras teatrales como La Fiaca, Los Japoneses no esperan, Cien veces no debo y las Venganzas de Beto Sánchez, entre muchas otras.

Camioneros identificados con Moyano bloquearon las plantas de impresión de Clarín y La Nación


EL ATAQUE A LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN
UNA COSTUMBRE BIEN PERONISTA


El ataque a la libertad de prensa mediante presiones económicas o actos de violencia no es una novedad en la Argentina. Es una herramienta que ha utilizado con asiduidad el peronismo durante la primera y segunda presidencia de Perón contra los medios opositores al gobierno.


LA NOTICIA DE HOY:


La represión contra el periodismo

(Por Hugo Gambini*). Apenas se instaló en el poder el régimen militar surgido del golpe de estado del 4 de junio de 1943, comenzó una represión informativa que luego habría de prolongarse con el continuismo del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón - no menos autoritario- elegido tres años más tarde. Las inocultables simpatías por el nazismo -que profesaban la mayoría de los militares golpistas del 43 entre los que Perón llevaba la voz cantante- iban a evidenciarse rápidamente; a la semana de la sublevación, fue secuestrada una edición del diario Crítica por comentarios desfavorables hacia el Eje; cinco días después sería clausurado por 24 horas el matutino Los Andes, de Mendoza, por cuestionar la designación de un sacerdote en el Consejo de Educación; al mes siguiente, la oficina de prensa de la Presidencia de la Nación informaba que "no se pueden publicar noticias que afecten la dignidad de Benito Mussolini".

Por desobedecer a las autoridad y permitirse una opinión distinta a la de aquel régimen militar, sería suspendida por un día la aparición de La Gaceta de Tucumán, y con diferencia de horas se les prohibió a todos los diarios de Entre Ríos y Mendoza suministrar información sobre actividades partidarias. En Rosario fueron castigados Tribuna y Crónica, y en Santa Fe, El Litoral, por observar la designación de Jordán Bruno Genta como interventor en la Universidad y criticar su antisemitismo.
Una clausura momentánea impidió aparecer al diario La Provincia de Salta, y con una suspensión se cerró por cinco días el semanario socialista La Vanguardia, ambas publicaciones habían objetado el uso de las radios para propaganda exclusivamente oficialista. La forma que se encontró para eliminar los diarios escritos en hebreo fue "la cancelación de concesiones sobre franquicias postales para todas las publicaciones que no se editen en idioma nacional".

Tras el triunfo electoral, en 1946, del candidato oficialista del régimen militar, el coronel Juan D. Perón, aquel aparato represivo, lejos de desaparecer, perfeccionó su maquinaria: se expropiaron muchísimos medios y fue creada la famosa "cadena de diarios y radios", a la que también se incorporarían todas las revistas del grupo Editorial Haynes. Los únicos diarios independientes de Buenos Aires, La Nación y Clarín, debieron poner sus barbas en remojo después de lo ocurrido con La Prensa, cuya confiscación demostraba hasta qué punto estaba dispuesto ese gobierno a reprimir la libertad de expresión.

Clausurada definitivamente La Vanguardia -según la disposición municipal que cerró sus talleres, "por ruidos molestos"- proliferaron las hojitas sueltas, editadas en la clandestinidad por los hombres de la oposición. Fue ese periodismo militante el que mantuvo encendida la llama de la libertad de prensa, como un símbolo de combatividad, durante todos estos años de coacción.

*Periodista y editor, fue secretario de redacción de la Vanguardia en 1957, y de Primera Plana en 1963.69. Director de la revista Redacción, es autor de El primer gobierno de Perón y El Che Guevara, entre muchos otros títulos.

Fuente: Historia de la Argentina 1949-1955 (Crónica Hyspamerica).